Capitulo V - La Propuesta

El almuerzo terminó al fin, y lo comensales quedaron absolutamente satisfechos de la comida que habían disfrutado. l El hombre del barco cargaba con años de experiencia en la vida, y sin embargo se sentía turbado. Nervioso, ansioso, inquieto. Pues ahora conocía el amor, y lo que es más, ahora debía hablar con el viejo que tanto misterio le causaba, y la incertidumbre en verdad le pesaba. Así es que aquel país logró lo que nadie había logrado en este mundo: turbar al extraordinario hombre del barco. Los hombres del capitán se retiraron saludando y agradeciendo al anciano Señor. –Hija mía –el viejo se dirigió a la doncella– ¿Podrías tu retirarte para que tu viejo padre pueda hablar unas palabras con el Señor de los Mares? –Vuestros deseos son ordenes, padre mío –respondió la bella dama, y mirando apasionadamente una vez mas al hombre del barco, se retiró pensando si lo volvería a ver. Lo mismo se pregunto nuestro hombre, muy a su pesar. Pero había otras cosas en que poner la atención ahora. Al fin el majestuoso gobernador comenzó, y las palabras que aquí diría quedarían grabadas en el hombre del barco para siempre, y nunca las olvidaría: –Tu llegada, ¡Oh Señor de los Mares! Es una señal. Soy mucho más poderoso de lo que crees, y soy quien lleva el estandarte en esta Guerra. –¿Qué guerra Señor? Hasta donde yo se al menos, nunca en el mundo hubo tanta paz como en estos tiempos –la confusión de nuestro hombre comenzaba a hacerse notoria–. ¿Y cómo es posible que mi llegada sea una señal? –Te equivocas, muchacho, y así es como debía ser. Los grandes debemos ocuparnos de proteger al Mundo sin perturbar la paz de los seres humanos. Y tu llegada, mi señor, ha sido una señal, pues responde a los designios de una antigua leyenda que no te contaré hoy, pero vos, Señor de los Mares, vinisteis a mi, yo no os llame, pero vinisteis a mi para cumplir el Destino. Estais llamado a ser uno de los grandes Héroes de la historia, si me ayudas. “Pero esa, claro está, es tu decisión. El más valiente de los capitanes de la tierra está llamado a cumplir una misión, y el porvenir de la Tierra pende de un hilo, que es él. ¿Qué me dices, valiente Señor? El hombre del barco aun no comprendía la magnitud de lo que acababa de oír. ¿Qué guerra podía ser tan grande como para que la vida de todos los humanos esté en peligro? ¿Era él en efecto el salvador del mundo? Si algo sabía nuestro hombre en este momento, era que ya nunca desearía separarse de su nuevo, único y último amor. Pero ahora estaba ante una terrible decisión, y era evidente que todo había caído repentino como una lluvia de verano. Y el anciano, el misterioso y poderoso Señor que aun no habia revelado quién era, esperaba una respuesta.
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